Director de porno casero improvisado
El domingo pasado, quedé con mi amigo José en su apartamento, a tomar un café para ponernos al día de nuestras últimas aventurillas, ya que no coincidimos mucho, por mi trabajo, y por la vida tan ajetreada que lleva él. Él es el guapete del grupo y es un auténtico picaflor. Él siempre dice en tono cómico, “Si no pongo el huevo, por lo menos uso los que tengo, ¿no?” Ante una afirmación tan contundente, ¿qué se puede decir?. Nos hemos contado siempre todo y tenemos una confianza muy grande. Hablamos abiertamente de nuestras novias, “follamigas” o lo que quiera que haya en cada momento.
Cuando estábamos ya con las cervezas a eso de las 6 de la tarde, un “beep” sonó en su cuarto. El messenger. Siempre deja el ordenador encendido, está muy metido en los chats y el rollo ese de webcam y tal. Se levantó a ver quién era, y me dijo, frente a la pantalla:
- Esta es una fiera…
- ¿A ésta también te la has follado?
- La chupa de lujo, me dijo con una sonrisilla.
- ¡Qué hijo puta!
- Hoy domingo…, esta seguro que quiere pijar.
A mí no me va mal, pero en el fondo, le envidio todo el trajín que se trae sin compromiso alguno. Entre las sesiones de gimnasio y el folleteo, no sé como le quedan fuerzas para salir de juerga…
Tras un rápido intercambio de frases cortas, estaba claro. La amiga quería “rabo”, como dice él. Después de hacerle un recordatorio de las mejores jugadas de la última vez, escribió “kedamos?”. José me miró con una sonrisa de “Lo sabía”.
- Tío, queda con ella, yo ya me voy.
En media hora, se plantaba en su casa. José me dijo que me quedase, y así cuando viniera la veía, que estaba muy buena, me dijo. La verdad es que aunque sólo fuera por el morbo, me quedé. José se fue a dar una ducha. Desde el baño, a grito pelao, me empezó a contar, cómo se lo montaba la tía en la cama, lo morbosa que era, que siempre se corría varias veces botando sobre él, que le pedía que le besara justo antes de correrse, que tenía el culo muy prieto, alguna que otra salvajada… Yo ya me estaba poniendo cachondo… Mientras se vestía, me preguntó enigmático:
- ¿Sabes lo que quiere hacer ahora?
- ¿El qué?
- Que le graben con la cámara, mientras follamos.
- Luego, me lo enseñas, cabrón, dije riéndome.
Al momento, salió de la habitación con una videocámara y poniéndomela en la mano, me dijo:
- Lo puedes ver ahora tú mismo. ¿A que no hay huevos?
Yo me quedé a cuadros, no me lo esperaba. Una cosa es que me cuente cómo se folla a una y a otra, y otra cosa es verlo yo. Hay confianza, pero…
- Si ella quiere…, dije yo, quitándome presión de encima.
- Querrá.
Antes de que pudiera contestar a su contundencia, sonó el megafonillo. Subía, ya estaba aquí. Me puse algo nervioso…
- Hola, soy Lucía.
- Yo, David.
- Pero, ¿no estabas solo?, preguntó Lucía mirando a José.
- Más o menos.
Me fui al dormitorio inconscientemente con los nervios, si te digo la verdad no sé bien para qué, si a por el abrigo para pirarme, para que José hablase con Lucía, no sé… En cuanto salí de nuevo al salón, les encontré abrazados en el sofá, con sus lenguas enroscadas y con la manos ya algo sueltas.
- Entonces, ¿te gustaría grabarnos?, preguntó Lucía.
- Cualquier cosa por un amigo, respondí con sonrisa nerviosa.
- Coge el aparato, me dijo mirándome al paquete, y luego desviando la mirada hacia la cámara que estaba encima de la mesa. Tenía un piquito de oro, la cabrona.
- ¡Vamos, Spielberg!, me animó José.
Me senté en una silla delante de ellos, y siguiéndole el rollo a mi amigo, dije con tono autoritario:
- ¡Acción!
Al momento, comenzaron a besarse suave, delicado. Sus labios jugaban con los del otro, pero sin lascivia. No por ahora. José cogió la cara de Lucía entre sus manos mientras la besaba la comisura de los labios, la barbilla y descendía pos su cuello. Ella echó la cabeza para atrás, disfrutaba del momento, su excitación crecía y crecía, mientras se mordía los labios.
Ella por su parte le abrazó la espalda para sentirle cerca y alternaba las caricias en los brazos y en los muslos. Tras unos momentos de sutileza, las caricias se volvieron más directas y sus lenguas comenzaron a asomar entre sus dientes. A los dos, les gustaba jugar, provocarse… Se acercaba, se alejaban, se buscaban…
José comenzó a acariciar el culo de Lucía, esos vaqueros le quedaban de miedo. Las caricias se volvían apretones por momentos, el ambiente olía a pura excitación. Y si fuera poco, Lucía buscaba con sus manos la entrepierna de su compañero de reparto, ante lo cual separó las piernas para mostrarse dispuesto. La polla dura de mi amigo se marcó bajo la atenta mirada de Lucía que no dejaba de manosearla. José se desabrochó los botones de la bragueta, y fue entonces cuando Lucía metió la mano en sus pantalones. La cabrona le estaba masturbando por encima del boxer. Con iniciativa.
Con los pantalones por los tobillos, José comenzó a bajar la bragueta de los vaqueros de Lucía, que se puso de pie para quitárselos del todo. José, sentado, la acercó hacia él para besarle el abdomen y lamerle el ombligo. Ante mí, la imagen del culo de Lucía en culotte y las manos de José acariciando sus nalgas. Tenía muy buen gusto para la ropa interior, y especialmente, esa braguita resaltaba sus curvas. La mano de José se dejaba ver entre las piernas de Lucía. La masturbaba por encima de la ropa interior, desde mi posición, yo veía como un dedo acariciaba toda la raja del culo y pasaba hacia adelante. José metía la cabeza en el pubis de ella, lamía la tela del culotte, mientras ella no dejaba de acariciarle el pelo.
Le bajó las bragas, y le invitó a que se tumbara en el sofá. Se abrió de piernas, y en ese momento, tan expuesta, me miró de tal forma que el pantalón me quedó pequeño. José comenzó a besarle los pies, le besaba los tobillos, y subía con sus labios por sus piernas, haciendola desear que subiera más y más. Ella se desabrochó la blusa y la abrió, una invitación al placer. José siguió la ruta entre sus piernas, ella se volvía seria concentrada en las sensaciones que tenía. Al llegar a su pubis, besó sus inglés, lamió su monte de Venus con sutileza, pero sin tocar en absoluto su vulva, ni sus labios ya hinchados. Ella se volvía loca, se mordía los labios, quería más… Él lo sabía, pero subió en su ruta ascendente por su abdomen, su ombligo y le quitó la camisa.
José comenzó a besar el cuello de Lucía para luego perderse en su esternón. Lucía se dejaba hacer, su respiración se aceleraba más y más. Le bajó los tirantes, sin destapar sus senos todavía. Jugaba con los tiempos perfectamente. Sus manos grandes abarcaron las copas del sujetador de Lucía, y mientras le bajaba el sujetador sin desabrocharlo, su boca fue recorriendo la piel que quedaba a la vista. El cuerpo de mi amigo entre sus piernas, la lengua de mi amigo entre sus tetas.
Tras recorrer sus tetas con los labios, sus pequeñas aureolas se cubrieron de saliva. José lamió sus pezones erectos, los succionó, aunque cuando se le cambió la cara totalmente fue cuando José mordisqueó uno de sus volcanes y Lucía soltó un gemido que me puso como un animal. No pude evitar tocarme la polla por encima del pantalón, la tenía durísima. José se quitó la camisa sin desabrocharse los botones, y bajó por el camino que había seguido hasta el sexo de Lucía. José, comenzó a jugar con su vulva, dió dos largos y lentos lametones que hicieron que el coño de su compañera se abriera por completo.
Me acerqué con mi cámara para grabar ese coño hambriento de polla. La verdad es que se me hacía la boca agua, quería lamerlo, pero desafortunadamente yo era el director. Me alejé para dejarles a los artistas trabajar a placer, y digo a placer porque la cara de Lucía no expresaba más que eso, un placer infinito, parecía estar en otro lado. Su cara estaba totalmente colorada y fruncía el ceño cada vez que la lengua de José penetraba su coño ya húmedo y caliente. El néctar de Lucía y la saliva de José se juntaban para hacer el mejor lubricante del mundo, que facilitaba que uno o dos dedos entrasen en su coño. ¡Cómo me estaba poniendo! Los movía, dentro mientras su lengua se dedicaba a lamer su clítoris y a empapar toda su abultada vulva. Lucía se agarraba las tetas, las apretaba, mientras la boca de José se hundía en su entrepierna. Gemía, gemía mucho. Temblaba, llegó al menos una vez. Ver la cara de éxtasis de Lucía mientras le comían el coño es una de las situaciones que más me ha excitado en toda mi vida. Yo comencé a masturbarme con la mano por dentro del pantalón. Ella con los ojos clavados en mí dijo:
- Me apetece chupar una polla
José subió a su boca y se besaron profundamente. Ella le correspondió metiendo la mano en su boxer y comenzó a masturbarle mientras lamía sus labios. José se deshizo de su ropa interior para mostrar todo su esplendor sentado en el sofá. Ya habíamos compartido vestuario en alguna ocasión, pero me pareció una situación extraña verle empalmado a menos de dos metros de mí. Evitamos mirarnos a la cara directamente.
Ella sin parar de pajearle, le lamió los pezones. Se notaba que cada uno de ellos conocía los gusto del otro perfectamente. Al momento, colocó un cojín en el suelo y se puso de rodillas delante de la polla de mi amigo. La muy puta se puso a cuatro patas delante de mí con las piernas ligeramente abiertas y comenzó a comerle la polla. Estaba claro, quería provocarme, y de hecho lo estaba consiguiendo. Yo no podía más, así que aproveche que no me veía, para sacarme la verga y meneármela ante tremenda imagen. No puedo quitármela de la cabeza. Con una mano agarraba la cámara, y con la otra, mi mano se movía arriba y abajo mientras me asaltaban pensamientos que me hicieron que deseara que ella me la chupara a mí igual y follarme ese culo. Todo a la vez.
Su coño chorreante estaba pidiendo algo, y yo estaba delante. Antes de que pudiera decidirme a metérsela, se levantó y se dió la vuelta. Me pilló de lleno masturbándome delante suyo. A estas alturas, ni me la metí en el pantalón. De espaldas a él, dirigió la polla que se acababa de comer y se la metió hasta el fondo. Comenzó a botar apoyándose con sus manos en las rodillas de José. Botaba sobre la dura polla de mi amigo mientras me miraba a mí. Eso sí que me puso cachondo. Y a ella, al parecer, también le ponía tremendamente cachonda ver cómo me masturbaba por su culpa, le encantaba saber que ella, su cuerpo, su manera de provocarme habían hecho que mi polla se hubiese puesto bien dura y que estuviera fuera del pantalón. Me miraba orgullosa de haber conseguido ganar su pequeña batalla, aunque yo desde hace rato, ya estaba rendido.
Se movía adelante y atrás, arriba y abajo… Ambos estaban depilados, por lo que la imagen era de sexo puro. Me deleité con el zoom viendo como en cada movimiento, su coño se abría para dejar entrar cada centímetro de polla de mi amigo. Podían apreciarse las gotas de flujo que se escurrían por su vulva y mojaban los huevos de mi amigo, cada vez más rojos.
Yo me masturbaba al ritmo que Lucía se follaba a José. Sin dejar de mirarme, Lucía se metió un dedo en la boca y comenzó a lamerlo. Yo quería ser dedo. Y más, después del comentario que me había hecho antes mi amigo sobre su buen hacer en el arte de la fellatio.
Mis actores estaban haciendo perfectamente su trabajo, mi trabajo de dirección pasó inadvertido. Yo dejaba hacer. Además estaba ocupado con mi propio placer. Lucía me dijo:
- Ven aquí
- ¿Qué quieres, un primer plano?, respondí con ironía.
- Sí, con tu polla en mi boca.
Me levanté y como buen director puse a su alcance todo lo que necesitaba para desempeñar su papel. Ella agarró mi polla y estuvo unos segundos simplemente mirándome a los ojos botando sobre la polla de José. Yo no aguantaba más:
- Chúpamela, vamos.
- ¡Pero no pares de moverte!, dijo José dirigiéndose a Lucía, a lo que respondí:
- ¿Quién es el director aquí?
- ¡Qué hijo puta!, me dijo con sonrisa resignada.
Se movía adelante y atrás, mientras su lengua humedecía mi polla dura desde hace ya tiempo. Mi capullo estaba hinchado y ya contaba con varias gotas de líquido preseminal. Ella lamió la puntita y succionó mi capullo para sacarme todo el jugo. Lamía el hilo de piel del prepucio, pasaba la lengua por toda el tronco de mi polla. La verdad es que tenía una lengua increíble unido al morbo que tenía ella de por sí. Con la polla en la boca, yo sentía su lengua moverse con rápidos y suaves movimientos sobre mi capullo. Luego comenzó a cabezear, a meterse la polla hasta el fondo de su garganta y sacarla rápidamente. ¡¡ Y yo estaba grabándolo!! Era increíble, es super excitante grabar una POV (“Point of View”), como lo llaman los ingleses.
Yo sólo quería follármela, o sea que le ordené repetir la secuencia anterior para mejorar la toma. Esa en la que estaba a cuatro patas chupándosela a mi amigo. Por tanto, se puso de nuevo en posición y mi grito de “Acción” vino acompañado de un gemido de Lucía. Mi polla había abierto sus nalgas y su coño húmedo me había recibido con aplausos. Mi cámara era testigo de la impecable ejecución del método Stanislavski. Para dirigir bien, no hay nada mejor que meterse en la piel del personaje, y es lo que estaba haciendo yo. Meterme de lleno en el personaje, e insisto, EN el personaje que representaba Lucía, hasta el fondo, hasta dentro, una y otra vez. Sus gemidos, el sonido del choque de mis pelotas contra su vulva, el golpeo de mis piernas contra sus nalgas… todo eso componían la banda sonora del punto álgido de mi opera prima.
La situación me sobrepasaba, era algo nuevo para mí, follar acompañado. Estaba superexcitado, a punto de todo. De repente, el agujero de su culo me inspiró para la próxima escena. Mandé a Lucía cabalgar sobre José. Ante mis ojos, las manos de José abarcaban las nalgas de Lucía, las abría y dejaban ante mi objetivo el agujero de su culo rosado y por momentos, dilatado. Mientras su coño engullía la polla de mi amigo, se besaban, José pellizcaba y lamía los pezones de la amazona a su antojo. Comenzaron a moverse con ritmo, los dos respiraban profundo, muy profundo, se miraban fijamente a los ojos, concentrados cada uno egoístamente en su placer, sin parar de moverse, hasta que ella dijo entre dientes:
- Bésame, José
Era la señal. Lucía ofreció su lengua a José que succionó nerviosamente., sus bocas desaparecieron en la boca del otro, tan dentro, tan profundo como la polla que tenía Lucía entre las piernas. Sus lenguas bailaban desenfrenadamente, cuando Lucía incrementó el ritmo de forma salvaje. Las manos de José le llevaban en volandas hasta donde quería ir quien separaba su, De repente, ella comenzó a convulsionar, gemía sin gran estruendo sin dejar de morder el labio inferior de José. Gemía a tirones siguiendo las oleadas de su corrida. Yo no dejaba de pajearme viendo la escena… Me encantó verla disfrutar a la muy perra. Ella estaba sudada, su cara totalmente sonrojada, su respiración entrecortada…
Metiéndome en el papel que me habían otorgado, les ordené que se movieran de nuevo como lo habían hecho, pero que ahora José le metiera un dedo en el culo. Sin rechistar, ejecutaron mis órdenes. Parecía gustarles. La toma era calcada a la anterior, con algunos gemidos más.
Tras unos momentos, me acerqué por detrás, José apartó la mano de forma intuitiva y sujetó las piernas de Lucía. Mi polla, untada con lubricante, se dirigió al orificio que tenía libre y la fui metiendo poco a poco. Cada vez un poco más. Estaba bien prietito. Ella gimió, un gemido raro, placer y dolor al mismo tiempo. El sudor de su espalda y el olor de su cuello era un cocktail brutal. Cogí ritmo y comencé a follarme su culo, mientras su coño alojaba la polla de mi amigo. Empalada por dos troncos su movilidad era escasa. Mi polla es bastante ancha, por lo que la estábamos llenando por completo.
Esta vez no hizo falta que pronunciase la palabra clave “Bésame”, si no que se abalanzó sobre la boca de José, él tomó su cara con las manos, y su lengua penetró la boca de Lucía, mientras yo penetraba su culo. El saber que se iba a correr follándomela por el culo me excitó tanto que me entraron unas ganas locas de correrme. Mis huevos avisaron, me temblaron las piernas y descargué toda mi leche en su esfínter. La notaba salir espasmódicamente y en cada oleada, penetraba con más fuerza su culo queriendo llegar aún más lejos… Noté como ella vibraba también recibiendo todo mi líquido caliente. No dejaba de gemir, esta vez más alto. Cuando su ritmo frenético se volvió más calmado, saqué mi polla chorreante de su culo.
Ahora era el turno de José. Comenzó a mover su pelvis, y Lucía inmediatamente siguió su ritmo para exprimirle hasta la última gota. Se movía adelante y atrás con ritmo rápido, tenía claro cuál era su objetivo y en cuestión de menos de un minuto, mi amigo tenía los ojos en blanco, el ceño fruncido y los músculos del cuello totalmente en tensión. La verdad es que fue raro ver correrse a mi amigo. Los tres contentos.
La tarde salió a pedir de boca… Algo que no me esperaba que pasara, pero genial. Este fin de semana pasado, hemos visto los tres juntos el resultado de la grabación… Ha sido muy “excitante”. Te puedes imaginar cómo hemos acabado…







6 Febrero 2009 a las 0:28
es bueno tu relato me agrado felicidades me gustaria compartir con un amigo lo mismo
22 Febrero 2009 a las 6:02
yo tambien quiero una fantasia sexual pero quiero que sea lo mas hermosoque se pueda
con otro hombre tenia 50 prospectos y solo quedan 15 he eliumuinado a base de examenes y preguntas y ya va para un año
4 Marzo 2009 a las 19:39
hola chicos del sexo amateur yo siempre he querido hacer un vidoe amateur pero no hay la persona que se la mida si conocen a alguien avisemen
9 Junio 2009 a las 2:25
es mi primer comentario por lo cual es corto,me gusto tu relato y espero un dia poder hacer un video como el que narras.
10 Julio 2009 a las 19:05
Me gusto mucho pues siempre e querido que me graven y que me lo hagan dos hombres al tiempo que envidia………