La importancia de los besos en el sexo
Aunque es muy posible que haya besos sin sexo, el sexo sin beso no es lo mismo ni se siente igual. Desde luego, igual que nadie nace sabiendo cómo tener relaciones sexuales, aprender a besar es una tarea que, aunque agradabilísima, requiere de toda nuestra atención.
Por eso no es raro que, aunque algunas personas digan que besar no es su “pasatiempo favorito”, lo que en realidad están expresando es que, como no dominan el arte del beso, no han podido disfrutarlo a plenitud todavía.De modo que, con el propósito de ayudarte a que tus relaciones de pareja sean más satisfactorias -y, de paso, más intensas-, vamos a repasar contigo algunos apuntes importantes para que beses mejor.
Los labios
Aun sin palabras, nuestras bocas expresan una plétora de sentimientos. Denotan alegría cuando sonreímos, coraje cuando encorvamos las comisuras hacia abajo o nerviosismo cuando nos mordemos el labio inferior.
De otra parte, las terminales nerviosas de los labios los hacen extraordinariamente sensibles a toda suerte de estímulos. Y si reaccionan de inmediato al frío o al calor, imagínate cómo responderán al contacto con la boca del ser amado… o con cualquier otra parte de su cuerpo.
¿Espontáneo o planificado?
Si bien es cierto que el encanto de un beso espontáneo es inigualable, la magia de un beso intencionado no se queda atrás. Escoger un lugar y un momento especiales para un beso significativo puede hacer de la experiencia un recuerdo imborrable.
Pero no todos los besos tienen que ser de novela ni dejarse para ocasiones especiales; lo importante es que sean sinceros, que transmitan el sentimiento apropiado y que ambas partes los disfruten en su totalidad.
Besos… y algo más
Algunas personas besan a sus parejas casi con prisa, como diciendo: “Vamos a avanzar para dedicarnos de lleno a ‘lo otro’”. Quienes así piensan, se pierden de lograr que “lo otro” sea más gozoso y gratificante de lo que pueden imaginar.
Por ejemplo, si uno de los dos no da muestras de estar muy entusiasmado con tener sexo esa noche, una buena sesión de besos -con sus correspondientes caricias y bajo las circunstancias adecuadas- puede culminar en un encuentro sexual fabuloso. Todo es cuestión de empezar con el beso apropiado. Veamos:
- Si ella tiene dolor de cabeza, en un ambiente de luz tenue, alejados del ruido, unos besitos suaves en el área de las sienes, acompañados de un sobito que él le dé en la base del cuello, pueden incitarla a “entrar en acción”.
- Si él ha llegado cansado o todavía no ha “soltado” el día de trabajo, unos besos ligeros a todo lo largo de la columna vertebral -con los dedos de las manos de ella haciendo un poco de presión a cada lado de la espina dorsal, simultáneamente con cada besito- pueden hacer que “despierte” el león en él.
Un beso diferente cada vez
No se trata de inventar la rueda; es, simplemente, que, en ocasiones, con sólo variar la intensidad y la duración de cada beso, así como la técnica (besos de piquito o de lengua, entre otros), es posible ir modulando la intensidad de la pasión también. De modo que, cuando ella piense que ya van a tener sexo, él puede empezar a besar otra parte de su cuerpo. O cuando él crea que todo terminó, ella puede premiarlo con besitos suaves en las comisuras de la boca, en los lóbulos de las orejas o en las puntas de los dedos.
Lo importante, repetimos, es que cada beso, por sí solo, sea una experiencia lo suficientemente satisfactoria como para que, aun cuando no estemos a su lado, siempre estemos en boca de nuestras parejas.
Fuente: Pamela Weber







13 Agosto 2008 a las 7:22
que buen articulo necesitamos de eso para saber mas y por supuesto gosar mas.