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Relato porno de intimidad con una compañera de trabajo

El siguiente relato erótico cuenta una historia que me ocurrió con una compañera de trabajo. Corría el año 2016 y en la empresa donde soy empleado había comenzado a trabajar una mujer muy atractiva.

En un entorno donde somos pocos y nos conocemos bastante no pasó desapercibida esta nueva compañera, llamada Natalia. Ella es una mujer que en ese entonces tenia 34 años, rubia, de pelo lacio largo, una cara muy bonita, de sonrisa cordial, de un metro sesenta de estatura y una figura donde lo que más se notaba era un terrible culo bien redondo y de volumen XL.

Debo confesar que mi debilidad son esa clase de culos, grandes y suculentos. Siendo asi no paré de mirárselo cada vez que había oportunidad.

Como no estábamos exactamente en la misma oficina, sino a una oficina de distancia, era frecuente que yo fuera, con cualquier excusa, a visitarla. De esa breve relación que se fue entablando en cada visita surgieron los primeros comentarios e indirectas sobre cuestiones que pasabal no estrictamente laboral.

Hablando cosas de la vida, digamos, empezamos a generar un vínculo que derivó en el intercambio de números telefónicos y mensajes de whatsapp. Asi las cosas, al cabo de unos meses ya era notorio ante el resto de los compañeros y compañeras que entre Natalia y yo había surgido algo parecido a una amistad.

Ella era casada y madre de 2 hijos. Yo por mi parte también casado y esto lo sabían todos. Llegó el mes de diciembre y tuvimos la habitual despedida de año de la empresa. A dicho encuentro se suele asistir sin las respectivas parejas, es solo para empleados.

En esa ocasión—con varias copas encima de ambas partes—se tornó más que evidente que nuestra relación estaba cambiando de tono. Hablándonos casi al oído, risas, toda la velada juntos sin prestar mucha atención a los demás, etc, la cuestión ya era inocultable. Sin embargo, ese día cada uno se fue por su lado debido a que ella tenía que ir a su casa por encontrarse sus hijos solos.

Tras las vacaciones reanudamos nuestras tareas en la empresa y entonces volvimos a vernos diariamente. Hasta entonces yo me encontraba muy bien con mi mujer y a decir verdad no quería serle infiel, pero lo cierto es que Natalia me gustaba muchísimo, me calentaba demasiado y lo que mas quería era tenerla en cama.

El deseo creo que era mutuo, siempre había una tensión en cada conversación que teníamos, aunque ella de una manera u otra terminaba evadiendo la concreción.

Mientras estábamos trabajando siempre buscábamos vernos y hablar. Cuando no estábamos en el trabajo nos mensajeábamos. A esa altura, luego de meses asi, me era muy difícil ya manejar la promesa de fidelidad a mi esposa. Entonces un día me dispuse a confesarle todo lo que me venía ocurriendo desde que la había visto por primera vez.

La encaré y la invité a que fueramos a tomar algo a la salida del trabajo los dos solos. Accedió y a la semana siguiente pudimos arreglar un encuentro fuera de la oficina.

Nos encontramos en un bar a unas seis cuadras del trabajo. Tomamos un par de cervezas y entonces le confesé cuanto deseaba tenerla. Obviamente no fue una sorpresa para ella.

Al estar casada, ser una madre de familia y fiel esposa no le resultaba fácil igualmente dar el siguiente paso. Me confesó que le generaba mucho nervio todo aquello y que si bien le pasaban cosas conmigo no veía la forma de concretar nada. Esta cuestión era recurrente en ella, ya que si bien parecía dispuesta a coquetear no terminaba de cerrar lo que se había generado entre nosotros.

Aun luego de semejante charla la cosa seguía sin resolverse. Volvimos al trabajo y la habitual rutina, con la diferencia que ya estaba todo explicitado, confesado al menos de mi parte.

Pasaron unos meses más, de alguna manera la relación se fue diluyendo, yo dejé de insistir y todo parecía destinado a que cada uno iba a seguir su vida sin pasar por la cama.

Un día me entero que ella ya no trabajaría más en la empresa. Había conseguido otro trabajo y en breve ya no nos veríamos más. La noticia me cayó muy mal porque yo aún conservaba la esperanza de tenerla a mi disposición para tener sexo. Finalmente llegó el día y no fue más a trabajar allí.

Pasaron varios meses en que ni siquiera nos escribimos mensajes. De alguna manera ya me había olvidado de Natalia a pesar de haber tenido un enganche muy fuerte, pero siempre lamentando la imposibilidad de concretar debido a su fidelidad.

Luego, como dije, de varios meses recibo un mensaje whatsapp. Era ella preguntándome como estaba. Automáticamente voló por mi cabeza el hecho de que si me estaba buscando era por algo.

Efectivamente, me contó que se había separado y que quería verme ya que había quedado algo pendiente entre nosotros. Loco por la noticia lo único que quise en ese momento fue poner hora y lugar a ese postergado encuentro.

Luego de varios mensajes terminamos por acordar cuándo y dónde nos veríamos. Así de sencillo fue luego de tanto tiempo de indeterminación.

Llegó la noche que habíamos acordado. Yo, aun casado, organicé una supuesta reunión con viejos compañeros de escuela que durarír hasta altas horas de la noche.

Me fui con mi auto y la pasé a buscar por la esquina prevista. Ella estaba hermosa, vestida y perfumada como nunca, se subió al auto y nos saludamos con un beso en la mejilla como siempre. Lo que duró el viaje hasta que llegamos a un bar, hablamos brevemente de nuestras vidas y qué habíamos hecho esos meses en que no nos vimos.

Fuimos por unos tragos a un lugar que yo conocía, de ambiente tranquilo e iluminación tenue. Tras un par de horas de charla, sobrevino lo esperado. Volvimos al auto y de inmediato la besé en la boca. Comenzamos a besarnos con muchas ganas. Apenas interrumpimos el beso arranqué el auto en dirección a un motel.

Una vez en el lugar mi sueño comenzaba a hacerse realidad. Una vez allí verdaderamente nos sacamos además de la ropa las ganas de hacer lo que hacia mucho tiempo queríamos: follarnos salvajemente.

Entre besos de lengua bien húmedos le fui quitando la camisa y el sostén. Luego me quité la camisa y la lleve hasta la cama, donde se puso en 4 patas y yo comencé a bajarle el pantalón ajustadísimo que llevaba.

En ceguido afloró un tanga color fucsia diminuta. Su culo es sencillamente un sueño hecho realidad. De color bien blanca de piel y sumamente redondo y turgente, de piel suave era como un durazno maduro y dulce.

Adicto como soy a los culos femeninos no tarde en practicarle sexo oral a semejante obra de arte. Mientras yo lamía frenéticamente la raya de su culo ella comenzó a gemir y a frotar con los dedos su clítoris. Su vulva es super carnosa, un verdadero festín de carne femenina. Mi lengua iba y venía desde su ano hasta el clítoris, pasando por esa raja ya mojada a esa altura.

Terminé de desvestirme y me acosté en la cama boca arriba, En verdad quedé sentado con las piernas extendidas y la espalda apoyada en las almohadas contra la pared. Ella se ubicó boca abajo a costada con su cabeza a la altura de mi polla, entonces empezó a darme una mamada de la hostia.

sexo con compañera de trabajo casadaEscupía la polla y luego se la tragaba hasta el fondo de su garganta. Realmente me estaba follado con la boca. Cuando se la sacaba de la boca su lengua recorría mis el escroto de punta a punta, succionando con fuera cada testículo por separado. Después comenzó a juguetear con la punta de su lengua en mi culo, cosa que me excitó sobremanera por ver lo guarra que era.

Cuando pasamos al coito ella se montó sobre mi. Me dijo que tomaba píldoras anticonceptivas por lo que no debía preocuparme por correrme o no dentro. La tomaba fuertemente de su culo mientras ella cabalgaba mi verga como una desaforada. Con una mano en su cadera y otra manoseándole los pechos follábamos descontroladamente.

Cambiamos de posición, ella se puso nuevamente en cuatro y así continué follándola con la polla cada vez más mojada de jugos. “métemela fuerte”, gritaba ella. Yo estaba en éxtasis.

Al cabo de un rato volvimos a cambiar de posición. Se acostó boca arriba y abrió sus piernas. En posición de misionero continuamos follando hasta que en un memento comenzó a pedirme la leche. “por favor, dámela toda, bien calentita para mi coño”. Me suplicaba que la insemine de una vez por todas.

Tanto tiempo transcurrido desde que había comenzado nuestro flirteo y recién allí se estaba consumando. Con semejante follada sobrevino naturalmente una eyaculación magnánima.

Comencé a correrme dentro de su coño que latía con fuerza en un alocado orgasmo. No sé cabalmente cuantos fueron, pero sentí varios chorros de esperma hirviente verterse  dentro de su sexo.

Fue una de las veces que más caliente sentí el semen al salir de mi polla. Tras ese primer acto ocurrieron otros dos esa misma noche y luego durante una par de años otros tantos cada dos o tres semanas.


Imagen de caracter ilustrativo para el relato erótico de la intimidad con mi compañera de trabajo

 

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