Relato porno de una infidelidad a mi esposa que mereció mucho la pena

Os voy a contar otra historia erótica, también real (no tengo tanta imaginación), que me pasó en el trabajo, sí, le fui infiel a mi mujer, mereció la pena.

Antes, os pongo en situación. Yo trabajaba en un instituto, de profesor, tenía un cargo que hacía que tuviera que ir frecuentemente a la secretaría del Centro, a coger material, por información y demás. En la oficina trabajaba una administrativa que… si, estaba como un tren, no era muy alta, pero tenía muy buen físico, hacía bastante deporte y, según me comentó en una ocasión, le gustaba tomar el sol sin que le quedaran marcas, totalmente desnuda en su terraza. Se había operado los pechos y se le veía precioso, además, siempre vestía muy provocativa, vestidos muy cortitos, pero muy, leggins marcando mucho el culito y su cocho, usaba siempre tanga, por lo que se le metía por la rajita del culito y eso provocaba tela, y con generosos escotes, marcando canalillo.

No es que yo sea un musculito o un adonis, pero no me conservo mal, y un punto a favor mío es que soy bastante simpático y, si me das confianza, no me corto. Además, somos de la misma edad, no os la voy a decir, pero ya tenemos experiencia en la vida, venimos un poco de vuelta y no nos paramos en tonterías.

La cuestión es que fuimos tomando cada día más confianza, nos contábamos cosas del trabajo al principio y con el tiempo personales, cada vez más personales, la tía no se cortaba un pelo, así que empezamos a hablar de sexo. Los dos teníamos más o menos el mismo problema, nos encantaba el sexo, pero lo practicábamos poco, o, por lo menos, no todo lo que nos gustaría.

Cada día la conversación iba más lejos, hasta que un día se lo propuse, le dije que debíamos intentar estar un ratito, sólo un ratito los dos solos, que lo íbamos a pasar genial. Pero ella era un poco reticente, le daba miedo que nos pudieran pillar, su marido también trabaja con nosotros y era realmente un peligro, pero muy morboso ¿Verdad?

La secretaría tenía un cuartito de almacén y archivo, no tenía ventanas, y era lo suficientemente espacioso como para jugar un poco. Ella solía llegar sobre las 9 de la mañana y yo, había días que entraba un rato antes, sobre las 8:30, esos días me asomaba por la ventana que daba al aparcamiento y la veía venir con su marido, me gustaba ver como venía a trabajar.

Uno de esos días me decidí, la casualidad fue que el marido la dejo un poco antes en el instituto y se marchó. Yo lo llevaba rumiando varios días cómo hacerlo y, si se daba la ocasión, lo tenía todo planeado y ese día se dio.

Esperé unos minutos y bajé a verla con una excusa, tenía que coger unos informes del archivo. Cuando entre en la secretaría, allí estaba ella, se había quitado la cazadora y llevaba un minivestido muy ajustado amarillo, con un buen escote, como siempre, vamos que estaba para echarle un polvo sí o sí. Nada más entrar le dije: «Vaya como vienes hija, ha sido verte y ya me estoy excitando». Ella sólo rio y me preguntó si le gustaba, ya te digo si me gustaba. Entonces puse mi plan en marcha, la cosa era que tan temprano, normalmente, no suele aparecer nadie por secretaría, los profesores están en clase y la ventanilla no se abría al público hasta las 10, así que tenía algo más de media hora para poder follármela, sobre todo ese culito que me tenía loco.

Me preguntó que qué hacia tan pronto allí y le comenté que venía por unos expedientes y que si me podía ayudar, naturalmente me contestó que sí. Yo, muy caballero, la dejé pasar delante, hacia el cuartito, lo único que pretendía era echar el pestillo de la puerta para evitar males mayores y que ella, en un principio, no se diera cuenta.

Entramos en el cuartito y ella se fue directa hacia el armario, me fui detrás y me pegué mucho a ella, tenía la polla que se me iba a salir de la excitación del momento y de verla como venía. Ella en vez de apartarse, respingó un poco más su culito y se quedó quieta. Le dije: «Ves como me has puesto so guarra», rio y me contestó: «Me encanta». Pasé mis manos por delante y empecé a sobarle las tetas, que pasada, las tenía duritas, tersas, ufff era lo más.

Ella en principio se dejaba, pero al momento se ve que se dio cuenta de dónde estábamos e intentó darse la vuelta y parar. La detuve, la sujeté fuerte y le dije al oído: «No te preocupes, he echado el pestillo y además sabes que a esta hora no viene nadie y tu marido se ha ido. Hoy no te libras de que te folle». Intentó resistirse un poco, no con mucho interés, pero seguí sujetándola para que no se moviera con una mano, mientras con la otra bajaba hacia su coñito. Le subí el vestido, tan poco era difícil, era demasiado corto, y empecé a acariciar por encima de su tanguita su coñito. Ella empezó a gemir y a protestar un poco, que nos iban a pillar, pero no dejaba gemir.

Al lado teníamos una mesa, me la llevé para ella e hice que se inclinara hacia delante, apoyando sus manos sobre ella y dejando su culito bien expuesto. Ya, se dejaba hacer. le subí el vestido hasta la cintura, ahí se quedó a mi vista y expuesto su precioso culito, llevaba un mini tanga, esos de cordón de hilo dental, se lo bajé y le separé un poco las piernas. Llevaba todo su coñito depilado menos un pequeño triangulito de pelitos por encima. Empecé a recorrerlo con la mano y ella sólo pudo enterrar su cabeza entre sus brazos apoyándola en la mesa, ya estaba entregada del todo.

Me agaché y empecé a lamerle su coño, se lo separé con las manos, para llegar bien a su clítoris y meter mi lengua en su coño. Lamía dándole vueltecitas a su clítoris y subía hasta la entrada de su vagina, lamiendo sus labios y metiendo todo lo que podía mi lengua dentro.

Así estuve un poco, ella cada vez gemía más, así que me decidí, le separé los cachetes de su culito y subí mi lengua, con un roce, hasta llegar a su precioso ojete, de verdad que era bonito. Pegó un respingo y me dijo que nunca le habían tocado por ahí, le dije que se f¡dejara, que iba a disfrutar. Subía y bajaba mi lengua por toda su hendidura, por toda su raja del culo, me paraba un poco en su ojete y le daba pequeños lametones, ella se estaba poniendo como loca.

Poco a poco, conseguí que se relajara y excitara y subí un peldaño más, me chupé uno de mis dedos y empecé a presionar la entrada del culito. Intentó pararme, pero la sujete fuerte con mi otra mano y le dije que no se moviera, que iba a ir despacio, que lo iba a disfrutar, decía que le dolía un poco, que nadie le había hecho eso antes, pero no paré, le dije que me encantaba ser el primero en desvirgarle el culito y eso parece que la puso a cien.

Presionaba un poco, entraba y lo sacaba, así unas cuantas veces hasta que se lo tragó entero, como ya se dejaba, mi otra mano pasó a jugar con su clítoris, para excitarla aún más y me dejara jugar con el culito. Empecé a follármela con mi dedo su culito, pero es que también había metido otro dedo en su coño, le decía que le estaba haciendo una doble penetración y ella no hacía más que gemir.

Sacaba mi dedo y le echaba saliva, en su culito también, y continuaba. Ya veía que su culito lo acogía bien y ella estaba más relajada, me chupé 2 dedos y empecé a introducírselos, otra vez protestó, sólo decía que le dolía, pero ya me dejaba, era como decirme ve despacio por favor. Igual que antes, poco a poco mis dedos se ocultaron dentro de su culito y yo cada vez más burro me ponía, era impresionante ver como aquella mujer me dejaba hacer todo lo que yo quería y ver ese cuerpazo a mi entera disposición.

Su culito iba cediendo, se por experiencia propia (si, juego con mi culo, me encanta que me lo toquen y meterme cosas, gruesas) que con excitación y cuidado, entra casi cualquier cosa y tamaño.

Como vi que seguía receptiva, pasé a 3 dedos, quería preparármelo. Volvió a quejarse un poco, pero le dije al oído: “ya llevas 3 dedos en tu culo zorra, y te encanta”. Se quedó sorprendida con lo de que ya iban 3 y soltó un gemido.

Yo ya no podía más, me separé un poco y me bajé el pantalón y el bóxer, tenía la polla que iba a explotar, le separé un poco más las piernas, bajé mi polla hasta su coño y se la metí de un golpe, no costó nada, lo tenía chorreando la guarrona, se lo dice y me contestó que qué esperaba.

Estaba hecho un burro y empecé desde el principio a follármela con fuerza, ella gemía cada vez más y más fuerte, tuve q taparle la boca con una de mis manos, bajó un poco el volumen y aproveché para que a la vez que le metía mi polla en su coño, el dedo gordo de mí mano derecha se lo metí en el culo, sentía cómo mi polla golpeaba en mi dedo, era súper excitante: “Tu primera doble penetración, a que te gusta”, «Si, si, pero no pares, por favor »

Ya estaba que mi polla empezó a palpitar, veía que no me quedaba mucho para correrme, me pidió que no terminara dentro y le dije:

«No te preocupes, tenia pensado acabar en otro sitio».

Saqué mi polla, le separé los cachetes con los dedos de mi mano izquierda y, como ya le había sacado mi dedo del culito, con mi mano derecha, sujeté la polla y la dirigí hacia su ojete. Cuando la sintió quiso retirarse, pero no le quedaban fuerzas para luchar y empezó a entrar un poco la polla, ella se quejaba, me pedía que parara, pero le dije que se relajara, que se masturbara.

Me obedeció, y pude meter un poco más la polla, no mucho, no quería hacerle mucho daño y, además, ya no me pude contener, entre la excitación, oírla entre gemir y quejarse (que me pone tela) y la visión de ver mi polla dentro de su culito, me corrí, dejándole todo mi semen en su culito.

Nos separamos, me preguntó que dónde estaba mi leche para limpiarla y le dije la llevas en tu culito preciosa, puso una cara de asombro. Se puso su tanguita y le recomendé que se fuera para el servicio y que la echase fuera, que seguro que como llevaba el culito no le iba a costar.

Cuando salimos del cuartito, quitamos el seguro de la puerta y al poco llegó un compañero, después nos reímos porque casi nos vemos en un pequeño compromiso.

Al día siguiente, me la crucé por los pasillos y se me acercó y me dijo al oído bajito, pedazo de cabrón, me estuve acordando de ti toda la tarde, tenía el culo ardiendo, pero sabes qué, me encantó, la mañana y la sensación que se me quedó toda la tarde.

Le respondí: «Pues tendremos que repetirlo y la próxima no te la meteré sólo un poquito». Se rio y nos separamos.

Espero que os haya gustado y excitado y si queréis saber como me la comía (espectacular, que boquita), sólo tenéis que pedírmelo.

Si les gustan los relatos eróticos de infidelidades espero les haya gustado también el mio. Un saludo.


Image únicamente de caracter ilustrativo para este relato erótico…

 


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