Hola, me llamo Luz, tengo 24 años y mi esposo, Eder, tiene 26 años. Ya llevamos 9 años juntos y actualmente tenemos dos niños. En la relación siempre estuvimos bien, nunca tuvimos problemas con eso.
Todo empezó cuando nos quedamos sin dinero. No sabíamos qué hacer. Él buscaba trabajo, pero no había, y así pasamos dos días apenas comiendo algo.
Al día siguiente, mi esposo agarró el celular y vio una página donde publican ventas de contenido. Encontró que ofrecían algo de dinero y se me quedaba viendo. Yo no le hice caso, pensé que solo eran sus preocupaciones.
Llegó la noche. Él empezó a tocarme y empezamos a hacer el amor. Yo estaba excitada cuando, de la nada, me sacó el tema de si yo tenía alguna fantasía sexual. Pues le dije que sí y él me dijo que también tenía una.
Yo le dije que me gustaría vestirme con lencería para coger con él. Él me confesó que siempre le había gustado el tema de los cornudos y que deseaba hacer un trío. Le dije que estaría bien experimentar eso y le pregunté si estaba de acuerdo. Me dijo que sí.
Pues no le tomé mucha importancia. Él se quedó con el celular y yo me dormí.
Al día siguiente me dijo:
—Vamos para la ciudad, que iremos de compras.
Me quedé sorprendida porque no teníamos dinero. Él me dijo que le habían mandado dinero. Pues le dije que fuéramos y empecé a arreglarme. Cuando se me acercó, me dijo que me pusiera una tanga blanca y el mallón negro. No le dije que no y acepté.
Ya lista, me miré y vi que se me marcaba la tanga. No dije nada y nos fuimos.
Al llegar allá, agarró un taxi. Para mí era normal, hasta que nos subimos y el chofer empezó a hablarme. Me quedé sorprendida porque estaba coqueteando conmigo y mi esposo solamente escuchaba, hasta que me dijo que íbamos para un motel y que el taxista era quien había pagado todo para estar conmigo.
No supe qué decir. Solo dije:
—¿En serio?
Llegamos al motel y le pregunté si todo aquello iba en serio. Me dijo que sí, que no me preocupara por nada. Me dio una bolsa en la que traía ropa y me dijo que fuera a cambiarme al baño.
Entré y, al abrirla, había lencería. Pues no dudé en ponérmela. Me cambié y salí donde estaban ellos.
Me senté al lado de mi esposo cuando me dijo que fuera a sentarme con el taxista, que él era mi dueño. Me acerqué con nervios. Sentí sus manos sobre mis nalgas, me sentó en sus piernas y empezó a decirme:
—Qué rica te ves. Yo soy tu dueño y voy a hacerte como se me antoje.
Mi esposo miraba cómo me tocaba las nalgas. Yo me sentía rara, pero después mi esposo se acercó a mí y me dijo:
—Me gusta verte así, vestida de putita para alguien más.
Me dio un beso y se sentó a mi lado. Cuando el taxista empezó a besar mis pechos, empecé a excitarme y también le seguí el juego. Él estaba guapo y ya era un hombre maduro, de unos 40 años. Yo apenas tenía 18 años en ese entonces.
Dany se llamaba el taxista.
Cuando llamaron a mi esposo, Dany se acercó y le preguntó:
—¿Te gusta ver a tu esposa así?
Mi esposo dijo que sí le gustaba. Entonces Dany sacó su cartera, le dio dinero y le dijo:
—Ahora es mía y puedo hacerle lo que yo quiera. Tú vas a ser un cornudo sumiso el día de hoy.
Me agarró de la cabeza y me llevó hacia abajo de su pantalón. Se lo saqué y vi que estaba enorme, tendría como 28 cm. Me lo metió en la boca y me puso a mamar su verga. Yo apenas podía con eso.
Dany me dijo que le dijera cosas a mi esposo y que lo humillara. También le seguí el juego. Le dije que siempre había querido algo como aquello y que él siempre me dejaba con ganas.
Mi esposo solamente miraba.
Dany agarró su mochila y sacó un dildo, un consolador y lubricante. Le dijo a mi esposo que se quitara la ropa también. Él aceptó y se acercó a nosotros. Se acostó con nosotros y se veía bien excitado.
Cuando Dany empezó a chuparme la panocha, sentía muy rico. No pude más y le dije que ya quería sentirlo.
Me abrió las piernas y empezó a penetrarme. Me dolía mucho y sentía cómo me estaba abriendo hasta que me lo metió entero. Me dolió tanto que grité fuerte:
—¡Ay, me duele! ¡No puedo más!
Me empezó a agarrar sin tenerme piedad y siguió una y otra vez. Al principio solamente me retorcía de dolor, hasta que se me pasó y empecé a seguirle el ritmo.
Mi esposo miraba y le dije:
—¿Qué esperas, cornudo? Graba a tu esposa mientras se la cogen. ¿No deseabas esto?
Y empezó a grabar.
Yo solamente gemía hasta que me puse a cuatro. Se me veía todo bien abierto. Entonces Dany me dijo que me echara lubricante en la cola.
—Nunca he tenido nada por ahí —le dije.
Pero él mismo agarró el lubricante y me lo puso. Después metió el dildo. Me dolió mucho y quería terminar ya. Así me quedé, con un poco de dolor, mientras seguía una y otra vez hasta que me vine.
Él también dijo que estaba a punto de venirse. Me agarró fuerte para que yo no me apartara y sentí caliente por dentro.
Le dije a mi esposo:
—¿Ves lo que buscabas? Ahora no te quejes de nada si quedo embarazada.
Lo llamé y se acercó. Le dije que limpiara todo lo que había dejado y él empezó a hacerlo hasta dejarlo limpio.
Dany todavía estaba mojado. Le dije a mi esposo que limpiara también ahí. Primero me dijo que no, entonces lo agarré, se lo acerqué y le dije:
—Abre la boca, cornudo. Limpia lo que se comió a tu esposa.
Y empezó a limpiarlo hasta dejarlo limpio.
Después le dije que se pusiera en posición. No quería, pero terminó aceptando. Le puse lubricante y agarré el consolador. Se lo fui metiendo poco a poco hasta dejarlo dentro. Gritó de dolor y le dije que no lo sacara, que lo dejara así.
Él se quedó quieto mientras nosotros empezábamos una segunda ronda.
Entonces Dany me dijo que me pusiera lubricante porque quería hacerlo por atrás. Me puse en posición y me lubriqué bien. Empezó a penetrarme despacio.
Yo solamente sentía cómo me abría y un dolor que no aguantaba. Sentía que no podía con aquello. Cuando entró la cabeza, me dolió mucho. Lo dejó ahí dentro hasta que se calmó un poco el dolor y después empezó nuevamente hasta meterlo entero.
—¡Me duele mucho! —grité.
Siguió fuerte. Sentía tanto dolor que no pude más y se me salieron las lágrimas. Después me dijo que se venía y terminó dentro de mí. Sentía que no podía más.
Dany dijo que ya había terminado y que se tenía que ir:
—Fue un gusto conocerlos.
Mi esposo le dio las gracias y Dany le dijo:
—Ahí te dejo a tu esposa toda rota. Disfruté mucho de la violada que le di.
Salió y se fue.
Me quedé acostada. Mi esposo se acercó y me preguntó si estaba bien.
—No, estoy destrozada, pero quiero sentirte a ti —le dije.
Entonces se acercó y me puse de lado para que me penetrara. Él tiene unos 17 cm. Primero me lo metió en la vagina y sintió que estaba bien abierta. Después le dije que me lo metiera atrás. La verdad es que ya casi no sentía nada.
Empezó a cogerme ahí y terminó dentro de mí nuevamente.
La verdad es que regresé a casa bastante adolorida después de aquel encuentro. Después de ese día empecé a hacerlo un cornudo de verdad.
No te pierdas nada de Esposas y Maridos
Recibe novedades, contenidos destacados y mejoras de la comunidad directamente en tu correo.
Deja un comentario
Elige dónde quieres participar. Los comentarios solo se descargan cuando abres una pestaña.
Ambos sistemas son independientes. Puedes consultar y escribir en cualquiera de ellos.