Relato xxx de las confesiones sexuales de mi desvirgación anal

En este relato voy a contarles unas confesiones sexuales de mi desvirgación anal y el secreto que guardo con mis hijas.

Mi nombre es Silvia, me casé muy joven y soy madre de 3 niñas. Lo que estoy contando es como una válvula de escape de los acontecimientos que marcaron mi vida.

En ese momento yo estaba casada, mi vida era rutinaria, mis ideas sexuales muy cerradas, al grado que jamás permití que mi ex marido me hiciera el sexo anal.

Físicamente soy una mujer atractiva, soy maestra de danza y artes plásticas. Soy una mujer nacida en provincia, educada a la antigua, de piel clara, cuerpo bien proporcionado.

Siempre me la pasaba haciendo dietas y ejercicios cuidando la figura, usando mascarillas, mi vida sexual era ya monótona con mi marido.

Mi vida después de mi divorcio

Pero mi vida cambió en uno de esos golpes que te da la vida y después de varios años de matrimonio nos separamos. Jamás fui infiel mientras estuve casada. Mi ex marido intentó en varias ocasiones penetrarme la cola pero jamás se lo permití. Cuando me pedía tener sexo anal le decía que eso era para las putas.

Después del divorcio me refugié en la danza. Rechacé cualquier intento de acercamiento de un hombre, me sentía herida, lastimada. Incluso pasé unos meses sin salir de casa.

Mi ex marido en su ego de macho pensó que cuando me alejé de la casa por sus constantes infidelidades y borracheras regresaría derrotada a la comodidad del hogar buscando otra vez la estabilidad que según él tenía con su dinero.

Cuando conocí a Raúl el hombre que me cambio mi vida fue por medio de mi amiga Susana. Raúl era un hombre de mundo de 30 años, amante de la música, del jazz, y fotógrafo profesional. Yo al principio le mentí, le dije que era una mujer casada y que no era fácil de llevar a la cama, intentando alejarlo de mi vida.

Susana era la chaperona para invitarme a salir con Raúl y me decía:

“Necesitas un hombre que te sacuda con algo grande y Raúl lo tiene”.

“Estás loca siempre le contestaba”. En una ocasión me mostró unas fotografías de Raúl desnudo y llegué a pensar que esas fotografías eran un truco por el tamaño del miembro.

Metiendo a otro hombre en mi vida

Intenté alejar a Raúl de mi lado, lo rechacé una y otra vez a todas sus invitaciones pero dicen que el que persevera alcanza. Y era maestra de danza y él iba por mí a la escuela, me invitaba a comer, me llevaba al cine. Convivimos tanto sin llegar al sexo que creo que cuando me entregué a él ya era algo que en el fondo lo deseaba como mujer.

Me entregué a él de una forma que yo misma me desconocí. Sentí sus manos acariciar y sobar mis nalgas, sus dedos comenzaron a rozar mi sexo hurgando en mi intimidad a la vez que yo comprobaba lo caliente que estaba como mujer.

Lo miré desnudarse, observé su cuerpo y su miembro largo y grueso coronada con una cabeza enorme color rojiza. Me tomó de mi cabeza y comenzó a marcarme la pauta para que lo mamara como él quería. Cerré los ojos y me entregué al placer.

Mire a Raúl gozar con las mamadas que le daba a su miembro, me separó lentamente y me depositó sobre el colchón. Comenzó a besarme de pies, hurgó en cada rincón de mi cuerpo, se separó de mi por unos segundos, para observar la panorámica de verme acostada, desnuda, dispuesta a ser penetrada.

confesiones sexuales de mi desvirgación analMe sentí mujer, me abrí de piernas dejando ver todo el nacimiento de mi sexo completamente mojado. Y con un gesto insinuante le hice saber que estaba lista, tragué saliva y bajé la vista. Mis senos subían y bajaban, mi respiración se escuchaba con dificultad. Se subió encima de mí y se aprestaba a ensartarme al estilo misionero.

Me penetró con fuerza de una sola estocada que no pude evitar gemir al sentirme ensartada. Ah, ah… y comenzó a montarme de una forma brutal.

Comencé a gemir al sentir como su miembro se abría paso para incrustarse en lo más hondo de mi vagina. Perdí el control de mis actos y me monté sobre él.

Comencé a cabalgarlo, gritando obscenidades y bufando como una puta. Ccomencé a convulsionarme presa de mi orgasmo y comencé a brincar y a ensartarme con mayor rapidez, meneando mis caderas buscando la estocada final que me llevara al orgasmo, el cual llegó y me dejé caer desmadejada como si fuera una muñeca de trapo sobre su pecho.

Raúl se subió sobre mí y comenzó a cogerme con fuerza, metiendo todo su miembro en mi vagina. No tardó mucho, a lo sumo unos 10 minutos de estarme penetrando, y sentí su semen caliente bañar mi vagina. Hasta ese momento tomé conciencia que no había usado condón aunque yo usaba el dispositivo.

Se acostó a mi lado, nadie hablaba, solo se escuchaba la respiración de cada uno de nosotros.

Dejando entrar en mi casa a mi nuevo hombre

Poco a poco me sentí más en confianza, más desinhibida, y le abrí las puertas de mi casa.

Fue el primer hombre en mi vida que me hizo el sexo anal. Muchos lo intentaron pero nunca se lo permití, entre ellos mi ex marido.

Nunca le pregunté pero intuí que ella y Raúl se acostaban al tener ella esas fotografías del desnudo. Susana es fotógrafa y Raúl también así que al principio tampoco me hice muchas ilusiones cuando me acosté con él y lo quise tomar como un desfogue sexual. Pero hubo un clip con él y lo dejé que me tomara de la cola como una puta la verdad, para que voy a negarlo.

Lo que pasó en una fiesta privada

Me partió el culo en una fiesta organizada por Susana de una forma vulgar y brutal. Tal vez lo hice enervada por las cervezas, tal vez por el morbo de ver que en ese lugar estaba mi ex marido y quise que él viera que podía ser más o igual de puta que con las que él andaba.

Sabía que en esas fiestas todo estaba permitido, la gran mayoría asistía por placer. En el fondo estaba preocupada porque me fuera a lastimar al meter su miembro pero si se trataba de él estaba dispuesta a dejarlo que me lo hiciera en ese momento.

Alzé mi vista y para sorpresa mía me encontré con la mirada de mi ex marido, quien me miraba fijamente a los ojos no dando crédito a que estuviera en las piernas de otro hombre tallándole el trasero delante de la gente.

Me tomé unas cervezas, me levanté para ir a la recámara, al regresar pasé frente a mi ex marido y meneé las nalgas con más cadencia. Sentí las manos de Raúl en mis nalgas.

De reojo miré a mi ex marido y quise vengarme. Me sentía excitada pero igual me sentía cohibida de que mi ex marido me observara. Me di valor, me serví una copa más y decidí romper la barrera de lo prohibido.

Perdí la moral, no me importó en lo más mínimo que los demás hombres me miraran.

Me olvidé de todos mis miedos, me abrazé con fuerza a su cuello, lo besé  y le dije al oído, hazlo, y nos besamos. Sentí sus manos en mis caderas. Mi mente era un caos de sensaciones. Yo sabía que me iba a doler pero lo quería intentar, lo besé con fuerza y le pedí que nos fuéramos a una habitación.

Decidida a probar el por primera vez el sexo anal

Yo misma me desconocía de mis actos, el vino y las cervezas que había ingerido no me dejaban pensar con claridad. Me alzó la falda delante de todos, intenté oponerme, no pude y me despojó de las pantaletas.

Sentí todas las miradas, estuve a punto de arrepentirme y salir corriendo pero él me tomó de la cintura y me abrazó. Lo escuché preguntar por vaselina. Luego me tomó de las manos y nos fuimos a la recamara. Yo me sentía entre excitada y sonámbula pero caminé decidida a darle mi virginidad anal.

Lo cierto es que me sentía incrédula, no podría creer que estuviera a minutos de ser iniciada en el sexo anal. Él me tomó de la cintura y comenzó a acariciarme las nalgas, a separarlas buscando mi pequeño orificio.

Nos desnudamos lentamente, me colocó boca bajo, sentí sus manos separar mis nalgas y dejó mi ano ante su lengua. Me lo chupó una y otra vez, hasta dilatarlo. Tenía los ojos cerrados y tumbada en cuatro patas sobre la cama con mi trasero al aire y Raúl detrás de mi dándome lengua a mi hoyo sin parar.

Buscó la vaselina, se untó en uno de sus dedos y comenzó a meterlos suavemente buscando no lastimarme. Relájate me decía, afloja el cuerpo, tengo que dilatarte, no quiero lastimarte y tú me tienes que ayudar.

Sentir su lengua fue como si recibiera una descarga, comencé a moverme, a gritar, que por la fuerza como me agité saque el dedo que me tenía clavado en mi cola.

Comenzó a meterlo nuevamente, a moverlo de un lado a otro sintiendo lo estrecho y caliente de mi recto.

Sintiendo un pene en mi ano

Házmelo o me voy arrepentir de haber venido, fueron mis palabras. Se untó vaselina en su miembro, házmelo despacio por favor le dije. Lo intentó una y otra vez sin lograr vencer la resistencia de mi esfínter. Lo regresé a ver y le miré el pene hinchado que me pareció imposible que lograra entrar sin lastimarme.

Tomé su camisa y la mordí. Alzé mis caderas en su totalidad y lo regresé a ver y me tumbé sobre la cama. Hazlo, le dije, no te detengas, solo hazlo. Si grito, lloro, no te detengas, solo tómame o me voy a arrepentir de haber venido.

Él me afianzó de mis caderas, sentí la presión en mi pequeño orificio, cerré mis ojos, para ser sincera lancé un quejido y grito cuando la cabeza de su pene comenzó a penetrar, a vencer la resistencia que ofrecía mi anillo. Se afianzó de mi cintura con fuerza evitando que me zafara de su pene.

Me mordí los labios evitando gritar, llorar, intenté levantarme, y me afianzó con fuerza. Abrí mis ojos y sin decir palabra le hice señas inclinando mi cabeza de que me dolía, que me estaba lastimando, – salte, dame unos segundos le balbuceé. –

Me dio unos segundos, me dejé caer sobre el colchón respirando con dificultad. Me coloqué apoyada sobre la cama boca abajo con los pies en el piso completamente doblada en cuatro patas con los senos y mi cara boca abajo.

Le dije que me pusiera más crema, él se acercó separando mis nalgas, me aplicó la crema, mordí la camisa con más fuerza y le dije, hazlo, no importa que me lastimes, solo hazlo.

Abriendome el culo con su gran pene

Se colocó detrás de mí y comenzó a empujar, poco a poco comenzó a penetrarme y por fin logró vencer y romper el anillo de mi abertura anal. Arañé el colchón, sacudí la cabeza, comencé a quejarme. Tenía los ojos llorosos por el esfuerzo de no gritar – de reprimir el dolor -, hasta que no aguanté más y comencé a gritar con fuerza cuando Raúl comenzó a meterme el resto de su pene.

Me doblé por completo, intenté levantarme para evitar que me siguiera penetrando sin conseguirlo – me mantuvo firme pegada a su pene. Se mantuvo quieto, dentro de mi cola, no dándome oportunidad de moverme.

Comenzó despacio a moverse, a penetrarme poco a poco, comencé a gemir, a rotar las caderas, a menear mi cola al encuentro de su pene. Lo hacía suavemente, fue el momento que él aprovechó para penetrarme por completo.

Grité y mordí las sábanas, se me rompió una uña por el esfuerzo de sujetar la sábana con fuerza al sentirme completamente penetrada. Me doblegué por completo, comencé a decirle ya salte, termina, me estás lastimando. Por favor sal, siento que me partes. Comenzó con su vaivén de entrar y salir con fuerza, afianzado a mis caderas. Cada vez que me penetraba me empujaba contra el colchón.

Lo sentía hasta lo más hondo de mis intestinos – me sacó excremento pero no le importó, se limpió con la sabana y siguió penetrándome. Me sentía desfallecida, con mi trasero abierto.

Perdí el tiempo de cuanto duró pero fue bastante tiempo antes de bañar mis intestinos con su semen para rodarse a un lado bufando, agitado, sudoroso.

Me sentí muy sucia al verme como estaba

Me puse de pie, me temblaban las piernas y la recamara olía a excremento. Miré las sábanas manchadas, sucias. Me dio vergüenza de manchar las sábanas. Él me comentó, no pasa nada, es normal…

Estuvimos juntos más de tres horas. Intenté detenerlo y le dije, ya no me lo hagas, me lastimas, por favor, me duele. No logré evitar que lo hiciera y me volvió a penetrar de la cola por segunda vez en mi vida.

Cuantas veces me lo hizo perdí la cuenta. Terminé con la cola llena de semen. Entre los muslos de mis piernas y en las sabanas había excremento, apenas podía caminar. Me trajo papel y jabón para que me limpiara.

Cuando salimos y cruzamos el patio sentí las miradas de morbo de varios hombres. Intenté sentarme pero no pude hacerlo y le pedí que me llevara a la casa.

Al otro día no podía levantarme de la cama por el dolor que sentía en mi cadera y en mis piernas. Me dolía horrible mi cola. Compré una pomada de vitacilina y me puse fomentos de agua caliente para mitigar un poco el ardor y el dolor que sentía cuando iba al baño.

Esa primera vez jamás la olvidé, quedó grabada en mi mente. Fue un nuevo despertar en mi vida sexual. Sabía que había sido una experiencia que sería difícil de olvidar.

Algo que ha cambiado mi vida

Mas tarde cuando descubrí la relación con mi hija reaccioné con violencia. Le grité, lo corrí de la casa, lo arañé. Me sentí traiccionada y me dejé caer nuevamente. Abatida pensé que había cometido un error al permitirle el paso a mi propia casa.

Pero cuando mi hija me confesó que se sentía atraída por él, que mis gritos y mis gemidos cuando él me hacía el amor habían despertado en ella el deseo por el sexo, por sentirse mujer…

Me escandalicé al escuchar a mi propia hija decirme que deseaba entregarse a Raúl, que deseaba que él fuera su primer hombre. Yo pensé que esto no podía estar pasando, pero miré en sus ojos el deseo y la decisión por sentirse mujer con él y la apoyé.

No fue fácil comenzar, nunca antes había vivido algo como lo que estaba a punto de pasar en mi vida junto a mis hijas. Ese es nuestro secreto que jamás me atrevería revelar, la desfloró oral, vaginal y anal, tal y como lo hizo conmigo.

He cometido tal vez un gran pecado, que quizás sea algo imperdonable, pero no me arrepiento y volvería a darle mi apoyo para hacerlo.

Este es mi relato y mis confesiones sexuales, soy Silvia y mi correo es: silvia.672010@hotmail.com

 

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