Relato de infidelidad con mi vecino ya que estaba muy necesitada

Desde que se mudó mi vecino a mi vecindad he tenido tantos pensamientos impuros que hasta yo me he puesto un alto, simplemente es tan guapo que parece de revista, es moreno, ojos cafés claro, pelo rizado, musculoso de una forma moderada, su sonrisa es coqueta y su mirada simplemente te deja atrapada en ella.

Yo tengo marido y dos hijos, mi vida sexual hace años que murió, en casa solo soy una madre de familia, mi esposo solo se acuerda de mi para pedirme que limpie algo, que atienda sus cosas o alguna invitación laboral donde me tengo que presentar.

A pesar de mi infeliz vida nunca pensé en serle infiel a mi marido, para mí los votos que hicimos tienen mucho valor, hasta que un día… bueno, mis instintos tomaron el control.

El hermoso vecino tocó a mi puerta una tarde, los niños estaban en sus clases extra curriculares, mi marido estaba trabajando y yo me encontraba limpiando el hogar. Al escuchar el timbre pensé que era algún vendedor o cobrador.

Salí sin pensar en siquiera hacerme un retoque o cambiarme las fachas, cuando vi aquella sonrisa de ensueño ¡me quería morir!, yo en chanclas y un manjar estaba frente a mí.

Salí toda ansiosa a ver que se le ofrecía, abrí la puerta y por amabilidad lo invité a pasar, ya dentro me preguntó si tenía un poco de azúcar, si, así tal cual como en la películas, el pretexto más usado o no lo sé, tal vez si necesitaba azúcar, nunca lo averigüé.

Cuando fui a buscar el azúcar comenzamos a platicar, me platicó que era dentista, de ahí la respuesta a su bella sonrisa. El azúcar se encontraba muy arriba y no lograba alcanzarla. El llegó por atrás y la tomó, en ese momento nuestros labios quedaron cerca y simplemente no pude resistirme.

Ese calor que se apoderó de mi me hizo saber que estaba a punto de comerte un error, un error muy delicioso, lo besé, así nada más, toqué sus labios y los saboreé.

El reaccionó de inmediato, no lo dudó y correspondió a mi deseo desenfrenado, me tomó de la cintura y me apoyó en la barra de la cocina, me apretaba con fuerza.

Era la primera vez que alguien volvía a tocarme de esa manera después de años.

Me miró a los ojos y me preguntó, ¿segura?. Me saqué la blusa y creo que eso respondió su pregunta. Arrancó mi sostén y mis bubis rebotaron al salir. Las apretujó con sus manos grandes y luego las succionó.

Había pasado tanto tiempo sin sentir aquello que sentía que iba a tener un orgasmo sin que siquiera tocara mi vagina. El siguió lamiendo y succionando mis pechos y mis pezones. Yo seguí gimiendo como adolescente apunto de perder su virginidad.

Su mano bajó a mi pantalón y lo desabrochó, metió su mano y tocó mi clítoris. Ya estaba erecto, el contacto directo me hizo dar un salto pequeño.

Yo no aguantaba la calentura y le supliqué que me penetrara, el comprendió lo necesitada que estaba de aquello, me bajó el pantalón me rompió mis bragas y se bajó el pantalón.

Me subió a la barra y me insertó su pene hasta el fondo, ni siquiera tuve tiempo de verlo pero se sentía como un semental y eso que estaba tan lubricada que sentía mi vagina demasiado dilatada.

Luego me empujó hacia él y yo no podía con tanto placer, no tardé mucho en llegar a mi primer orgasmo y el siguió y siguió y yo me vine y me vine como 5 veces hasta que él iba a explotar y la sacó.

Ahí me puso de espaldas y se masturbó hasta que sentí su semen hirviendo en mi espalda.

Se fue sin su azúcar, pero yo me quedé con unas cuantas gotas de leche para mi café.

 

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